Para los que se van
de esta fiesta móvil,
para los que todavía
nos estamos yendo
y seguimos siendo tristes.
Para los que se quedan
en el centro de su ausencia
creciendo hacia ninguna parte,
como el eco de un silencio muy ruidoso.
04 marzo, 2013
11 diciembre, 2012
LOS PAPALOTES TAMBIÉN VAN A MORIR

Mi madre murió de cáncer. Un miércoles se plantó frente a mí mientras almorzaba y dijo: tengo cáncer. Eso fue todo. No sé lidiar con el dolor ajeno. Reaccioné mal o reaccioné mal para lo que la gente espera en situaciones así; solo recuerdo que la abracé. [Seguir leyendo en Revista Nocturnario.]
de esto escribo:
formas breves
22 septiembre, 2012
21 septiembre, 2012
PANTEÓN
Y
tiramos la primera piedra:
el
corazón lanzamos
hacia
el fondo de la tierra.
Pusimos
la primera piedra
de
una casa sin puertas ni inquilinos,
de
una casa que no tenemos todavía
pero
ya tuvimos desde siempre.
Una
piedra a la orilla del paisaje,
en
la intemperie trabajada
por
el viento por los días.
Sepultamos
la palabra piedra:
paredes
rojas de un corazón tan blanco:
una
piedra que nos lleva y que llevamos,
una
piedra que se apaga y que se apega.
Con
la piedra en las manos
con
las manos en la piedra
abrimos
la primera oscuridad
de
la tierra abrimos
el
olor del verbo habremos
de
sentir sobre la tierra.
Abrimos
la ventana de la noche
y
tiramos la primera piedra:
un
mínimo derrumbe,
la
pequeña destrucción
de
una casa futura:
una
soledad para dos tiramos:
la
pintura húmeda de nuestras voces
descendiendo
lentamente por los muros.
El
fantasma de una casa que te habita,
un
puro derrumbe sostenido.
Nosotros
somos la caída,
nada
más que gravedad.
Habitamos
el descenso,
el
tiempo exacto que dura este recuerdo.
Nosotros
somos la caída,
nada
más que nuestra edad;
un
viaje al centro de la piedra:
esa
herida repentina
por
donde se escurre el aliento.
Nuestros
nombres son la sed de un río
disecado
en el lenguaje.
Ya
no somos sino huesos:
piedras
blancas rodeando una piedra roja.
Ya
no somos sino piedras
que
se acercan una a otra
a
escuchar el pulso del mundo.
Y
dos árboles que brotan en el pecho.
El
amor es un panteón
donde
nos entierran juntos.
13 agosto, 2012
Sentido contrario

Supongo que debía haber tenido unos cuatro años, pero mi memoria no da para tanto. Lo que sí recuerdo es que era la mano izquierda con la que comencé a tomar las crayolas, gises, lápices, labiales y todo lo que estuviera a mi alcance para rayar sobre todas las superficies que estuvieran a mi alcance. Y aunque mi creatividad no tuviera límites, la paciencia de mis padres sí. Fue entonces cuando me presentaron los libros para colorear —pero siempre tuve problemas para no salirme de la línea. En la escuela aprendía a escribir. Iba en un kinder cuyo nombre apelaba a la razón: Emmanuel Kant, aunque sus métodos eran más bien oscurantistas. Seguramente todo me parecía un juego y por eso nunca lo mencioné, pero mis padres no tardaron mucho en notar que hacía las tareas escolares con la mano derecha. Al parecer me ataban la mano izquierda durante las clases para que no la usara al escribir. Era un diestro converso.
Al principio era útil escribir con la mano derecha, por ejemplo, cuando en los interminables dictados a los que nos sometían en la primaria la otra pedía un descanso. Con el tiempo perdí el hábito, ahora sólo escribo con la izquierda. Aún recuerdo el conflicto que tuve el primer día de clases: tenía que escribir mi nombre en el margen superior de la página. Abrí el cuaderno por el final, tomé mi lápiz con la mano izquierda y —como si hubiera olvidado las convenciones para escribir— anoté mi nombre en la última página, de derecha a izquierda, cual hebreo o árabe. En ese momento me pareció evidente que si los diestros lo hacían de derecha a izquierda, yo tendría que hacerlo al revés para no manchar la página con mi mano, pues de lo contrario la tinta se corría y el grafito se diluía por los efectos de mi mano deslizándose sobre la hoja. No tardé mucho en darme cuenta de que lo que escribí no tenía sentido, así que inventé un sistema personal. Como no podía escribir las palabras al revés (me costaba mucho trabajo leerlas de ese modo), dejé de invertir el orden de las letras y opté por comenzar a escribir en el margen derecho la última letra de la primera palabra, seguida, a la izquierda, de la penúltima letra y así sucesivamente. Huelga decirlo, mi sistema era totalmente absurdo además de poco práctico. Tardaba el doble o el triple que mis compañeros, así que hice algunos ajustes. Opté por escribir las palabras en su orden habitual pero comenzando por el lado derecho de la página. El resultado eran oraciones en un hipérbaton absoluto que, ahora advierto, debieron haber alterado mi manera de ordenar el mundo. En mi cabeza todo iba en sentido contrario. Todavía quedan algunos cuadernos —desde muy niño comencé a escribir una especie de diario— como vestigio de mis primeros experimentos verbales. Además, en la escuela nos hacían comprar un libro para aprender caligrafía: Mi cuaderno mágico era mi cuaderno odiado. Uno tenía que escribir planas y planas emulando las líneas señaladas con unas flechas más bien confusas; yo nunca seguí las instrucciones, simplemente no podía. Siempre comenzaba por el sitio contrario al que indicaba el libro. A diferencia de la manuscrita —debo pertenecer a la última generación que aprendió a escribir de ese modo arbitrario que admite un sólo tipo de trazo—, mi letra de molde sigue las comodidades de mi mano.
Hay quienes, aun de adultos, confunden la derecha y la izquierda; yo nunca he tenido ese problema, lo mío tiene que ver con que nunca he sido plenamente conciente de ser zurdo o diestro, ni siquiera ambidiestro. A esa indecisión le achaco el nunca haber aprendido a recortar bien, el hecho de usar el reloj en la izquierda, o que juegue béisbol y use los cubiertos como diestro. Recuerdo mi frustración cuando quise aprender a jugar trompo. Mi hermano menor lo hacía bien y yo no podía, por más que le pedía mis padres que le enredaran la cuerda al trompo, al momento de lanzarlo nunca lograba hacerlo girar. Todo era el resultado de una confusión simple: mis papás son diestros. Cuando yo lanzaba el trompo con la mano izquierda, la cuerda se desenredaba hacia el lado opuesto, con lo cual el trompo giraba hacia la derecha provocando que cayera de cabeza. Aprendí que tenía que enredar la cuerda al revés, del mismo modo que aprendí que, a mayor escala, el mundo era diestro y yo iba en sentido contrario por la vida.
11 abril, 2012
Ecos
Le doy la espalda al espejo
y no sé si cuando no lo miro
me repite al otro lado.
Ahora que nadie me mira
me repito yo
—una y dos veces mi nombre,
como un eco que regresa—
para no desaparecer.
¿Pero si nadie me escuchara,
a dónde volvería mi nombre
si no al silencio?
Tal vez si le diera la espalda
también a las palabras
dejaría por fin de repetirme
aquí y aquí. Para siempre.
Y aunque alguien me escuchara,
mi nombre sería ya solamente
una oquedad oscura:
un espejo vacío que nadie mira.
06 febrero, 2012
The Age of Wire and String en español
En 1995 apareció The Age of Wire and String —ópera prima de Ben Marcus—, un libro inusitado e inclasificable cuyo propósito es nada menos que inventariar una cultura, la vida secreta de las prácticas y los objetos. La obra está armada a la manera de un mosaico compuesto por formas breves que funcionan como entradas de una enciclopedia minimalista y extravagante: un “conjunto de documentos que establecen las principales preocupaciones de la sociedad, de cualquier sociedad, del mundo y sus áreas internas”, haciendo uso del estilo frío, plano y pretendidamente científico de los manuales para describir al mundo desde otra lógica. Y es en este sentido que el libro de Marcus guarda cierto parentesco con las instrucciones cortazarianas y quizá también con los usos que Fernández Mallo hace de jergas extraliterarias, su forma de trabajar la metáfora.
El escritor es un niño encerrado con un solo juguete. Puede aburrirse (y aburrir) muy pronto o puede darle la vuelta al lenguaje, inventar un nuevo juego. The Age of Wire and String es sin duda un juego nuevo. Se trata, si se arriesga una definición, de un ejercicio de ficción especulativa llevada a las ciencias sociales que permite exprimirle nuevos significados a lo cotidiano.
El traductor es un niño intentando comprender las reglas del juego.
[Algunos fragmentos traducidos de ese libro en Lá cámara verde del Periódico de poesía.]
de esto escribo:
Ben Marcus,
formas breves
30 enero, 2012
NÚMERO PRIVADO
porque esta vez levantas la bocina
dices la palabra acostumbrada
bueno bueno y te atropellan
la voz al otro lado de la línea
la voz con una voz que no conoces
la voz que no dirá su nombre
el hombre de la voz que escuchas
habla de tu familia extrañamente
menciona itinerarios y lugares
quiere que sepas que te observa
que sabe dónde y cuándo aproximarse
un golpe frío te paraliza la voz
abriéndose camino en el oído más adentro
rebotando en las paredes de la casa
que de pronto se hace grande y se vacía
es miedo lo que ocupa tu silencio
el nudo que se aprieta en la garganta
las ganas de hacer algo la impotencia
de ver sobre la mesa aparecer las cartas
de un juego en el que sólo pierdes
porque otra vez se trata de dinero
ésa es la palabra acostumbrada
el precio de tu vida y de tus padres
cuánto vale la voz que te atropella la calma
la voz sin cuerpo que exige y amenaza cuerpos
la letra zeta de la palabra voz cuánto
los nombres de las cosas se te escurren
y el asco crece desde el centro
el asco diez veces el asco
cómo se le quita el frío a los huesos
cómo se barre el miedo fuera de la casa
cómo exiliar una voz que ya no habla
ahora es tan solo un tono que se alarga
un electrocardiograma al otro lado de la línea
una línea en la pantalla de los enfermos
el sonido que hacen los cuerpos en las camas
de los hospitales cuando ya no viven
el sonido que hacen los muertos de miedo
bueno bueno y era malo porque esta voz
porque esta vez levantas la bocina
dices la palabra acostumbrada
bueno bueno y te atropellan
la voz al otro lado de la línea
la voz con una voz que no conoces
la voz que no dirá su nombre
el hombre de la voz que escuchas
habla de tu familia extrañamente
menciona itinerarios y lugares
quiere que sepas que te observa
que sabe dónde y cuándo aproximarse
un golpe frío te paraliza la voz
abriéndose camino en el oído más adentro
rebotando en las paredes de la casa
que de pronto se hace grande y se vacía
es miedo lo que ocupa tu silencio
el nudo que se aprieta en la garganta
las ganas de hacer algo la impotencia
de ver sobre la mesa aparecer las cartas
de un juego en el que sólo pierdes
porque otra vez se trata de dinero
ésa es la palabra acostumbrada
el precio de tu vida y de tus padres
cuánto vale la voz que te atropella la calma
la voz sin cuerpo que exige y amenaza cuerpos
la letra zeta de la palabra voz cuánto
los nombres de las cosas se te escurren
y el asco crece desde el centro
el asco diez veces el asco
cómo se le quita el frío a los huesos
cómo se barre el miedo fuera de la casa
cómo exiliar una voz que ya no habla
ahora es tan solo un tono que se alarga
un electrocardiograma al otro lado de la línea
una línea en la pantalla de los enfermos
el sonido que hacen los cuerpos en las camas
de los hospitales cuando ya no viven
el sonido que hacen los muertos de miedo
bueno bueno y era malo porque esta voz
porque esta vez levantas la bocina
02 enero, 2012
Borges y ya
Al otro, a Borges, es a quien
le ocurren las cosas.AAAAA
JLB
La candente mañana de febrero en que murió Borges no era mañana, ni febrero y tampoco murió Borges, sino el otro, al que le ocurrían las cosas.
Ya sé cuál de los dos escribe esta página.
de esto escribo:
minificción
25 diciembre, 2011
LLANURA TRASLÚCIDA
El verso está partido en dos
tú no lo ves y no se escucha
una pausa de asmático abrir el
repentino abismo por el que
se cae la idea o de la cama
las sábanas cuando el calor
no hay intermitencias es un
solo silencio consumido por dos
bocas que se asfixian
mutuamente no hay un lugar
que la lengua no toque
del lenguaje una superficie azul llanura traslúcida el río congelado donde patina la mirada
lo que hay es una fractura
de luz en la luz
que la atraviesa
por el centro tú no lo ves
y no lo entiendes el verso está
partido en dos como nosotros
tú no lo ves y no se escucha
una pausa de asmático abrir el
repentino abismo por el que
se cae la idea o de la cama
las sábanas cuando el calor
no hay intermitencias es un
solo silencio consumido por dos
bocas que se asfixian
mutuamente no hay un lugar
que la lengua no toque
del lenguaje una superficie azul llanura traslúcida el río congelado donde patina la mirada
lo que hay es una fractura
de luz en la luz
que la atraviesa
por el centro tú no lo ves
y no lo entiendes el verso está
partido en dos como nosotros
03 noviembre, 2011
El enunciado como acontecimiento
Por trivial que sea, por poco importante que nos lo imaginemos en sus consecuencias, por rápidamente olvidado que pueda ser tras de su aparición, por poco entendido o mal descifrado que lo supongamos, un enunciado es siempre un acontecimiento que ni la lengua ni el sentido pueden agotar por completo. Acontecimiento extraño, indudablemente: en primer lugar porque está ligado por una parte a un gesto de escritura o a la articulación de una palabra, pero que por otra se abre a sí mismo una existencia remanente en el campo de una memoria, o en la materialidad de los manuscritos, de los libros y de cualquier otra forma de conservación; después porque es único como todo acontecimiento, pero se ofrece a la repetición, a la transformación, a la reactivación; finalmente, porque está ligado no sólo con situaciones que lo provocan y con consecuencias que él mismo incita, sino a la vez, y según una modalidad totalmente distinta, con enunciados que lo preceden y que lo siguen.
Michel Foucault, La arqueología del saber.
de esto escribo:
palabras de otros
13 octubre, 2011
25 julio, 2011
140 CARACTERES
Este miércoles 27 de julio estaré en una de las mesas del ciclo "140 caracteres" organizado por el INBA y el CONACULTA. Los participantes seremos Marco Colín (@MarcoColin), Jorge Harmodio (@harmodio), Gilberto Prado Galán (@gilpg) y yo (@viajerovertical), y vamos a hablar de Twitter como espacio de juego creativo. El evento es a las 19:00 hrs. en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia (Nuevo León 91, Hipódromo Condesa) y podrá seguirse por Twitter a través del Hashtag #140cc.
Acá la invitación:
de esto escribo:
aviso inoportuno
03 julio, 2011
PARA QUEDARNOS SOLOS
Nos desnudamos
el nombre,
la carne,
también la voz
nos desnudamos
para quedarnos solos
del mundo
y de nosotros.
de esto escribo:
formas breves
12 abril, 2011
A cuántas camas de distancia nos soñamos
Después de recorrer a ciegas veinte segundos de luz casi siempre nos encontramos con una misma noche estampada bocabajo sobre un asfalto de metáforas silenciadas. El sueño es solamente una idea no pensada que se le escurrió del útero a una virgen, una gota blanca sin edad, recóndita fractura del viento. No importa a cuántas camas de distancia durmamos, si te tiras de tu sueño caerías en el mío. No importa que esta noche yo no duerma, cuando abres los ojos yo comienzo a soñar.
10 abril, 2011
El río adentro
Se podrían reescribir los cuentos de El llano en llamas con los argumentos narrados por los animales, las piedras, la hierba y el viento.
[Es que somos muy pobres. Remake. Ganador de Tuitrulfo]
04 abril, 2011
Todos los viajes del tiempo
Se bajó de su máquina del tiempo muchos siglos atrás y, al ver que todo era lúgubre, quiso volver. Fue imposible, no encontró su vehículo.
El Viajero del Tiempo se quedó atrapado en su pasado porque fue a una época en la que aún no existían los viajes en el tiempo.
Cuando buscó su máquina del tiempo, le dijeron que la TTP (Time Traveling Police), había llevado su nave al corralón.
Vengo del futuro, decía, y recorría las calles con la mirada perdida. La gente comenzó a ignorarlo, se convirtió en el loco del pueblo.
Vengo del futuro, repetía, pero nadie entendía su lengua. Algunos pensaban que había sido poseído; otros, que simplemente quería atención.
Al loco del pueblo se le veía hacer inscripciones sobre los muros: Mensajes para el futuro, secretos, claves en menos de 140 caracteres.
No pasó mucho tiempo antes de que el loco aprendiera la lengua local (se trataba de una versión arcaica de la suya) y pudiera comunicarse.
Les advirtió de una peste que acabaría con la mayoría de los pobladores. Entonces supieron que no estaba loco, lo creyeron mago, sabio.
El Viajero del Tiempo, después de haberse vuelto sedentario, escribió un copioso libro sobre los viajes en el tiempo.
Escribió un libro sobre los viajes en el tiempo para que alguien lo leyera, inventara una máquina y, siglos después, regresara por él.
No esperaba que, en la relatividad del tiempo, un día después de terminar su libro, alguien viniera del futuro en una máquina. Era él mismo.
Cuando se encontró consigo mismo, el Viajero del Tiempo supo que estaba existiendo simultáneamente en todas las épocas de la historia.
El Viajero del Tiempo supo que nunca se había movido. La historia era un artificio para que su imaginación tuviera un espacio que poblar.
Cuando el Viajero del Tiempo despertó, el dinosaurio todavía no había llegado. Se durmió un par de siglos más para esperarlo.
El Viajero del Tiempo se quedó atrapado en su pasado porque fue a una época en la que aún no existían los viajes en el tiempo.
Cuando buscó su máquina del tiempo, le dijeron que la TTP (Time Traveling Police), había llevado su nave al corralón.
Vengo del futuro, decía, y recorría las calles con la mirada perdida. La gente comenzó a ignorarlo, se convirtió en el loco del pueblo.
Vengo del futuro, repetía, pero nadie entendía su lengua. Algunos pensaban que había sido poseído; otros, que simplemente quería atención.
Al loco del pueblo se le veía hacer inscripciones sobre los muros: Mensajes para el futuro, secretos, claves en menos de 140 caracteres.
No pasó mucho tiempo antes de que el loco aprendiera la lengua local (se trataba de una versión arcaica de la suya) y pudiera comunicarse.
Les advirtió de una peste que acabaría con la mayoría de los pobladores. Entonces supieron que no estaba loco, lo creyeron mago, sabio.
El Viajero del Tiempo, después de haberse vuelto sedentario, escribió un copioso libro sobre los viajes en el tiempo.
Escribió un libro sobre los viajes en el tiempo para que alguien lo leyera, inventara una máquina y, siglos después, regresara por él.
No esperaba que, en la relatividad del tiempo, un día después de terminar su libro, alguien viniera del futuro en una máquina. Era él mismo.
Cuando se encontró consigo mismo, el Viajero del Tiempo supo que estaba existiendo simultáneamente en todas las épocas de la historia.
El Viajero del Tiempo supo que nunca se había movido. La historia era un artificio para que su imaginación tuviera un espacio que poblar.
Cuando el Viajero del Tiempo despertó, el dinosaurio todavía no había llegado. Se durmió un par de siglos más para esperarlo.
30 marzo, 2011
El ya no en llamas
Las llamas llano, las llamas ya no. El ya no en llamas. Nombrar es incendiar la cosa que se nombra.
Con el llano en llamas no oyes ladrar los perros. Te digo que se quedan calladitos. Nomás se acercan ahí con miedo y miran con los ojos asombrados el oro que se levanta con furia, se quedan como estudiando el olor de la tierra quemada y escuchan el crujido, las fauces del fuego, como decía el abuelo. El campo se prendió de noche y el incendio creció tanto que a lo lejos parecía que ya estaba amaneciendo. Mucha gente del pueblo peló el ojo. Andábamos todos destanteados por el resplandor amarillo, y como acá no hay luz, el día dura lo que dura el sol asomado. Nos dormimos bien temprano pamanecer con ganas, porque la jornada es larga y cansada. Yo vi la luz y me salí a ordeñar la vaca como todos los días paque mis hermanos no se vayan con un hueco en la panza a la escuela, que les queda allá bajandito el monte. Medio retirado, la mera verdad. Ahí fue cuando vi que ya estaban todos asomados, viendo medio tristes cómo el fuego se tragaba todo el pueblo de Luvina. Ahí fue cuando vi a los perros silenciosos. Y vi sus sombras largas, y sus ojos que brillaban.
Acuérdate que el día del derrumbe Anacleto Morones gritó: Nos han dado la tierra. Como si sirviera para algo, gritó muy emocionado el iluso ése. Las tierras que les dimos eran puras ruinas, un baldío seco donde ni los zopilotes se querían parar. Hace unos años se incendió toda esa llanura, Luvina, le llaman los más ancianos. Era de noche y nadie supo cómo empezó el fuego. Desde entonces esas tierras ya no dan más que lástima. Ese terreno no sirve para nada, no crece ni la hierba y, además, huele a muerto. Un desperdicio. Por eso se las dimos a Morones. Llevaba años reclamándolas. Tenía unos papeluchos que dizque decían que a su familia le habían dado esas tierras por alguna querella de la época de la Revolución. Pues ve tú a saber si sí, pero nunca le hicimos caso hasta el día que se nos vino abajo la hacienda, lo que quedaba de ella. Ese día supimos que ya no teníamos nada que hacer ahí y le dimos su mentada tierra. Se puso feliz y borracho, pobre pendejo. Acuérdate.
Es que somos muy pobres, Macario. No tenemos para el rescate. ¡Diles que no me maten!
¿Muy pobres, cabrón? Si fue tu hermano el que se robó la herencia que nos dejó mi madre, que Dios la tenga en su santa gloria. La vecina lo vio salir corriendo de la casa cuando la estábamos enterrando. Ni siquiera se esperó, el hijo de la chingada. Si con ese dinero construyeron su corral y compraron cuatro vaquillas. Antes de eso ustedes no tenían en qué caerse muertos. Así que no me vengas con mentiras. Por mí que te maten a golpes. A ti y a toda tu familia. No queremos ningún rescate. Queremos lo que es nuestro, lo que nos quitaron. Y sí, alguna vez fuimos amigos, pero la sangre es la sangre. Muy pobres, muy pobres, pinches rateros.
La noche que lo dejaron solo, el hombre robó la herencia de Matilde Arcángel. Huyó en la madrugada rumbo a Luvina. Antes de que amaneciera había llegado a su casa, le entregó el dinero a su madre, tomó un cobija y salió. Sabía que Macario y su familia lo irían a buscar. Era el único que estaba en la casa de los Morones esa noche. Pasaron dos semanas antes de que lo encontraran, escondido entre la hierba alta, flaco y con la piel tostada por el sol. Dicen que lo amarraron y se lo llevaron. Pidieron el dinero que les había robado para que lo dejaran, pero la familia se desentendió. Dicen que se gastaron todo el dinero y se olvidaron del asunto. Esperaron casi un año, dicen, y no recibieron nada. Hartos, llevaron a Macario de regreso a Luvina, al campo donde lo habían encontrado y le vaciaron un bote de gasolina. Dicen que con un sólo cerillo bastó para que se prendiera no sólo él, sino toda la llanura. Dicen que se acercaron los perros. Dicen que no los oyeron ladrar.
de esto escribo:
formas breves
08 febrero, 2011
Malas decisiones
Tomamos malas decisiones. Fuimos a fiestas a aburrirnos. Escuchamos música vieja. Y conocimos gente. Sonreímos a veces. Estuvimos solos. Leímos muchos libros. Nos dejamos crecer el cabello y las ojeras. Dormimos en hoteles y casas ajenas. Viajamos en trenes. Nos mintieron. Vaciamos demasiadas botellas. Dejamos de creer. Nadamos en el mismo mar. Rompimos espejos. Tomamos algunos aviones. Tuvimos trabajos que abandonamos. Hicimos amigos que dejamos de frecuentar. Caímos y nos ensuciamos la piel con tierra y sangre. Tomamos fotografías de lugares que hemos aprendido a olvidar. Aprendimos que hay poco que aprender. Escribimos páginas prescindibles. Lloramos algún dolor en silencio contra la almohada. Sobrevivimos a derrumbes e inundaciones. Fatigamos camas y caminos. Tomamos malas decisiones.
Pero nos encontramos. El pasado no nos ensució en vano.
25 enero, 2011
Esta historia es nuestra
Él está de espaldas a lo que ocurre. Parece estarlo siempre. Como si todo ocurriera a escondidas suyas o como si él hubiera preferido no darse cuenta. Él prefiere no hacerlo. Está demasiado ocupado en el resplandor que producen los ojos de ella con esta luz baja. No deja de mirarla ni para darle un trago a su cerveza. Está demasiado ocupado viendo cómo se le resbalan las palabras de los labios. Está pensando. En ella. Que es suya. Toda. La mira. Y no voltea.
Ella le cuenta historias de los otros. Ella le está contando una historia. La historia de ellos. Sentados más allá. Él no los ve porque no voltea. Ellos que no importan. Ella le está queriendo decir algo. Ellos son el pretexto. Esta historia es nuestra.
Ellos que no importan pueden ser cuatro o siete pero no importan. Entonces serán dos. Un hombre y una mujer. (Ellos no deben confundirse con nosotros. Nunca.)
Alguien cumple años esta noche. Los que no importan hablan de la edad. Envejecer. Morir. Los que no importan hablan de la muerte. Ella alcanza a oír sobre el sonido sostenido que producen varias conversaciones que coexisten en un espacio reducido. El día que nacemos es cuando estamos más cerca de la muerte. El día más cercano a nuestro origen es el día más cercano a la muerte. Pero ella no sabe porque no me conoce y no le puedo decir. Eso es lo que piensa ella.
Cuando me muera quiero que esparzan mis cenizas. La frase que no acaba. El lugar común. El asentimiento. Él sigue hablando pero en esta historia ya no importa lo que dice. Ella escuchó la palabra muerte y pensó en su muerte. Algo como un reflejo. La mano de ella sobre el brazo de él. Algo entre un apretón y una caricia. Un gesto incierto. Un intento por atarlo a la vida. Mantenerlo con ella para siempre. Un gesto incierto. Él no lo nota.
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