23 octubre, 2009

Saltar al vacío

¿Entonces qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso. Correr por el borde del precipicio: a un lado el abismo sin fondo y al otro lado las caras que uno quiere, las sonrientes caras que uno quiere, y los libros, y los amigos, y la comida.


11 septiembre, 2009

Ocultamiento

Podría seguir enumerando. Podría seguir mostrando mis cartas. Entre las reglas no escritas del arte contemporáneo está, precisamente, la inclinación contraria: el ocultamiento, el pudor, el desvío. Entre las reglas no escritas de la hermenéutica contemporánea, la primera es la condensación.

02 julio, 2009

De Amores imposibles

Quien no ha tenido un amor imposible no ha sentido la dicha del único que no se agota (y el flagelo de saber que esa dicha se acaba si ese amor se expresa en formas concretas). Acaso la única forma de realización total del amor está en la plausibilidad de los amores secretos, imposibles --que tal vez sólo por eso se subliman: porque no existen--. Poco probable, aunque como dice el poeta colombiano en el segundo de los poemas a continuación: "puede que seas el amor imposible de tu amor imposible / pero esto es un milagro". Habría que empezar a creer en los milagros (?)


Un día en la penumbra te enamoras de tu amor imposible.
Una breve charla, si acaso una mirada, una sonrisa leve,
un levísimo guiño inolvidable
y cae el azul entero de cielo sobre tu alma
y desfalleces de la dicha,
llueve la luz en tus adentros.
Sabes que es un amor imposible.
Sabes que no hay manera de cruzar una vida con la otra,
que, acaso, fue una fortuna que un día tocaras a tu amor imposible.
Pero también sabes que es imposible tu amor,
que no lo verás más,
que el amor que le tienes a tu amor imposible
no necesita a tu amor imposible,
que amas a una quimera que un día se encarnó debajo de la piel
más lejana y que más amas.


Un amor imposible es el más feliz de los amores.
O puede serlo.
Basta que creas que es posible un amor imposible
y esto hará la felicidad del amor imposible.
Puede que seas el amor imposible de tu amor imposible.
Pero esto es un milagro.


A estas alturas rodando
literalmente rodando
asumo mi destino,
araño cielos, tiento paraísos,
busco la clave que me traspase,
sin buscarla la busco,
la llave es un torso, un gesto,
la sonrisa de un amor imposible
o de otro amor imposible.
Los amores imposibles
-es tan evidente que siempre lo olvido-
son partes de ese mundo imposible
que es mi mundo verdadero.

01 julio, 2009

El amor loco y el viaje a la ficción

Idea romántica y/o atávica, cuando no hiperbólica y absurda la de enamorarse de la literatura, equiparar --como hice en la entrada anterior y que una melancólica amiga tildó de melancólico-- el amor que dos personas pueden llegar a profesarse con la relación que se da entre un hombre y un libro. Sin embargo puede justificarse si se es pragmático y foucaultiano, en ambos casos uno se enamora de un discurso, diría (¿no es cierto?).

Aunque la comparación no sea precisa, sí es cómoda. Onetti, a mí parecer el más faulkneriano de los escritores latinoamericanos, quien hoy cumpliría 100 años, dijo a Vargas Llosa, quizá llevado por su pasión no correspondida: "lo que tú tienes es un amor conyugal con la literatura y debes cumplir como un buen marido. En cambio yo tengo con ella relaciones de amante: cuando me viene el deseo, escribo. Por eso lo hago por ataques. A veces me paso meses y meses y no se me ocurre nada, pero sé que volverá en el momento más inesperado… Si escribir significara para mí un trabajo: ninguna línea, ningún día."

Me pongo el saco. Escribo como llevado por un impulso, siguiendo un deseo. Las cosas suceden, simplemente, igual que cuando uno se enamora. Y es que el amor --escribió el uruguayo-- "Te agarra a traición, como algunas muertes… Yo sólo creo en el amor loco. Lo demás son ganitas de tratar de encontrarse en una cama o un buen negocio de matrimonio. Este amor pasión tal vez sea el único que importe. Lo que nada tiene que ver con el insensible declive que va llevando a una amistad cariñosa, en los mejores casos a una ternura, a un agradecimiento, a una necesidad de compañía."

Una actividad obsesiva, cuasi suicida, porque en ella uno se vacía. Locura y entrega en iguales dosis reclaman la ficción y el amor. El amor loco, acaso el único genuino. Ése que a menudo lleva a la desesperación y al abismo, como la obra de Onetti.

___________

El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti es el ensayo de Vargas Llosa en el que se continúa esa relación subterránea entre éste y el creador de Santa María. Aquí un comentario al respecto:


El mal de Montano o una pasión no correspondida

Recuerdo ahora un relato de Enrique Vila-Matas: “Los amores que duran toda una vida”. Pienso que también podría llamarse “Una pasión no correspondida”. En él se cuentan dos historias de amor entrelazadas, pero se trata de un amor irrealizado, secreto, imposible. Omitiendo la anécdota, lo que postula ese relato es que el amor ideal, el único que no se agota es el que no se manifiesta. En un punto se lee:

Yo creo que Fernando se enamoró deliberadamente de ese tipo de amor que nos hace pasarlo muy mal porque lo guardamos en secreto y nunca somos (y estamos seguros de que nunca lo seremos) correspondidos, lo cual en el fondo es todo un alivio, porque es terrible que te quieran.

Y más adelante:

Su incorregible tendencia a la desmesura se reflejaba también en la cuestión del amor, pues qué otra cosa es amar desmesuradamente sino amar con una extraña profundidad, silenciosamente, sin ser correspondido.



En conclusión, los amores que duran toda una vida son aquellos que permanecen en secreto, las pasiones no correspondidas. Como esas relaciones que se dan entre una persona y un libro: el amor a la literatura que, como ha dicho Vargas Llosa, le salvó la vida literalmente, literariamente. (En un sentido se podría decir que Emma Bovary se mató para que él pudiera vivir.) Se trata de suicidios ejemplares, como el de Fernando en el cuento de Vila-Matas, quien hasta el momento de darse un tiro amó en silencio y desesperadamente. A menudo esas historias acaban mal: Alonso Quijano se deja morir de melancolía,1 Anna Karenina leyendo una novela inglesa antes de tirarse a las vías del tren, Emma Bovary (“Se tomó pues la resolución de impedirle a Emma a leer”, se dice en la novela) y, más recientemente en El lector de Bernhard Schlink, Hanna Schmitz colgándose en su celda el día de su liberación, después de haber aprendido a leer.

Todos, buscando entre las páginas formas de hallarle sentido a la experiencia. Todos enfermos de literatura. Todos con el mal de Montano, rodeados de citas de libros y autores. Es fácil imaginar a un Vargas-Llosa joven devorando una y otra vez las páginas de Madame Bovary en una orgía perpetua, a dos alemanes (Adolf y Thomas) embelesados con El mundo como voluntad y representación, a un Borges todavía niño con una versión inglesa del Quijote, a mí mismo deslumbrado por esas páginas de verdadera poesía con que Rulfo escribió una de las mejores novelas que haya leído, y, en otro plano, la navidad parisina de 1980 en que, a los diecinueve años, Jean Claude Pelletier leyó por primera vez a Benno von Archimboldi. Se trata en realidad de una misma imagen, definitiva en la vida de cada uno, cuando nos damos cuenta de que algo ha cambiado, quizá se rompió algo dentro de nosotros. Roberto Bolaño dejó cristalizada esa imagen en 2666.

1Con la salvedad de que al final quien muere es el viejo Alonso Quijano, acaso el Quijote, al menos como idea, es sempiterno.

14 abril, 2009

De poemas cobardes inacabados en días truncos

El cielo es una hoja en blanco y yo imagino ser ese chileno que escribía en el cielo poesía pura (por evanescente). Poemas cobardes inacabados, deseos irrealizados, planes truncos, proyectos postergados, fragmentos: condiciones todas de creer que la vida sólo vale la pena vivirla cuando es intensa –pero eso último es una cita, como casi todo lo que escribo, aunque no lo haga deliberadamente; “toda casualidad es una cita”, comprendió Borges.

Tal vez sea hora de cortar la soga que me ata a un pasado que, ahora pienso con la plausibilidad de la historia contrafáctica, no me pertenecía a mí por mucho que lo haya disfrutado –con uno de esos goces teñidos de leve masoquismo.

Y no podía ser más conveniente que justo hoy recordara el “Poema cobarde” de Novo:

Hay que quemar los libros; hay que dar a la vida
un brebaje de olvido y un brebaje de amor;
reclinarse en el hombro de una ilusión perdida,
despertar de esta brusca pesadilla dolida,

Y ver la aurora rústica de una vida mejor…

Y podía ser más conveniente no haber partido de otro poema de Novo para escribir éste:

Al poema confío la dicha de perderte.
He de lavar mis ojos de los negros tuyos,
abismos en que prolongué la noche de mi caída.
He de dispersar entre la niebla los jirones
de lo efímero eterno, sustancia tuya
olvidada entre mis manos y mi vida.
Vuelva el día a mí, en su estruendo alado y diáfano
del sueño de no poder soñarte –aún—
indiferente, ajena y distante.
Y formas de decir adiós...

Y no terminar nunca nada.

(Y continuar una crónica trunca y de días más truncos:)

Y lo que está a punto de ocurrir es una noche de muerte sin fin. Vas a corroborar, una vez más, que todas las noches caben en una sola, que todo está en todas las cosas.

Cierras la puerta de tu casa –como si clausuraras un pasado o la posibilidad de un futuro que pudiste haber tenido, que imaginaste y deseaste, pero que ya no tendrás jamás— y te dejas vivir. El mundo es inmundo, ancho y ajeno: ocurre, desdoblándose ante ti incesantemente, como un caleidoscopio. Cierras los ojos y como en letras de fuego tatuadas en tus retinas presientes la inscripción: Boschaft wie goldene Rede beginnt diese Nacht.

Tus pasos se suceden, consumiéndose, como los segundos, como tú: los pasos perdidos. Recuerdas por última vez el primer verso de un poema que no escribirás jamás. Y lo demás es silencio.

20 febrero, 2009

Crónica trunca de días truncos

Primer trago de café. Párpados pesados y dolor de cabeza. Te sientas en tu silla giratoria frente a la computadora y simulas trabajar. Dibujas una sonrisa deliberadamente falsa para alejar a cualquier compañero de trabajo (detesto la palabra 'colega') que trate de hacer contacto visual, quisieras estar sordo para no escuchar los atractivos planes que tienen para el fin de semana, consistentes, por decir algo, en pagar cantidades estúpidas porque alguien les enchine las pestañas en sábado. iTunes: autoencierro en tu pequeño mundo auricular: "Al menos tienes un espacio propio, una habitación con vistas (o sin ellas, qué más da) un universo de sonidos y silencios, un lugar para pensar", te dices, te mientes. Don't get any big ideas, they're not going to happen, se apura a replicar alguien desde tus audífonos.

Luego, estás muerto. Lees la mierda corporativa que un traje y una corbata escribieron, intentas traducir esa jerigonza propia de los que nunca han leído un libro que no les hayan regalado en un intercambio navideño a un español más o menos legible. "Preferirías no hacerlo", eres un Bartleby --pero despojado de la heroicidad de ese personaje--. Estás fuera de escala y en cámara lenta. Si prestas atención casi puedes sentir el golpe que provocan tus neuronas, imposibilitadas para hacer sinapsis, al despeñarse por el abismo de su propia muerte: en casos así, la muerte siempre tiene permiso.

Has dejado de tomar esas pastillas rojo labial y el insomnio provoca que el déjà vu sea tu forma corriente de representar la realidad. Todo es una copia. Una copia de una copia. Pierdes la noción del tiempo y si los sueños fueran así de aburridos creerías que estás soñando.

Después de cuatro días sin poder domir más de tres horas las cosas comienzan a verse distintas. No borrosas, más bien fuera de foco y como en un flashback de hash. Ignoras el dolor de cabeza. El insomnio va derivando lentamente en una forma de la amnesia. Cada día despiertas en sitios distintos y no tienes idea de cómo llegaste a ellos. Llegas tarde al trabajo, llegas tarde a la escuela, llegas tarde a la vida: siempre estás desfasado.

Después de cuatro tazas de café sientes las manos temblorosas y entumidas, una euforia tristona, una gastritis incipiente y una ansiedad ascendente. Esperas aguantar el resto del día porque, precisamente debido a que no puedes dormir las ganas de hacerlo no amainan, se potencian en horas de supuesta productividad y, a la noche, cuando crees que por fin podrás dormir edades estelares, te recuestas en tu cama --que ya no te reconoce--, apagas la luz y los ojos: nada. Entonces, la desesperación te obliga a distraerte: te bañas, tratas de leer pero no tienes la suficiente concentración y las letras comienzan a derraparse, a saltar, a danzar. Te vez realizando las cosas más inverosímiles: ordenas meticulosamente, a veces por orden alfabético, a veces por tema, los montones de fotocopias que has acumulado por cuatro años; lavas los trastes sucios y luego te parece que no están lo suficientemente limpios, así que comienzas de nuevo, cuando caes en cuenta de ello te reprendes por desperdiciar agua; haces llamadas telefónicas a gente que tal vez no querías llamar; miras en el espejo, no con desinterés, cómo tu rostro ha ido tornando en una suerte de fruta magullada, o en una copia con poco tóner de una copia de lo que recuerdas que era tu rostro; en el techo buscas patrones que se transforman infinitamente...

Sales a la calle, en medio de la noche. Eres un sonámbulo semiconciente, un tanto predispuesto a olvidar lo que está a punto de ocurrir.

17 febrero, 2009

Caer

I have a feeling that you're riding for some kind of a terrible, terrible fall. But I don't honestly know what kind.... It may be the kind where, at the age of thirty, you sit in some bar hating everybody who comes in looking as if he might have played football in college. Then again, you may pick up just enough education to hate people who say, 'It's a secret between he and I.' Or you may end up in some business office, throwing paper clips at the nearest stenographer. I just don't know.

J. D. Salinger

03 enero, 2009

¿Quién visitó mi perfil? (o mi post más largo y forever)

Andaba yo muy tranquilo hace unos días (cliché-mal-inicio), disfrutando el sol entre el viento frío de San Cristóbal de las Casas, recorriendo las calles sin rumbo fijo. Pasado un rato así --y como al día le quedaban muchas horas, horas que se alargan hasta parecer ellas mismas días, difíciles de gastar sin tener realmente nada que hacer-- me vi, de pronto, sentado frente a una computadora. Continué con la transcripción de las notas de viaje que había venido haciendo, abrí el messenger y revisé mi correo. Pocas novedades o, más bien, muchas novedades pero muy pocas que me interesaran, mi bandeja de entrada estaba llena de peticiones, noticias, spam infiltrado, cadenas, boletines. Estaba esperando encontrarme con algo de alguien que me había escrito diario, pero dejó de hacerlo un par de días antes. Siempre ha llamado mi atención el hecho de que si uno se muriera súbitamente, lejos, nadie lo sabría; seguiría recibiendo correos anodinos, montones, recibiría comentarios de amigos, cartas personales (pocas), notificaciones... y todo normal. Yo muerto y todo normal. Después de un tiempo muchos se cansarían y dejarían de escribir pensando que me he convertido en un mamón, si es que no lo creeían desde antes y esto era sólo una corroboración de lo que siempre habían intuido. Habría algunos reclamos, personas indignadas por mi indiferencia. Llamadas al celular que jamás entrarían: el teléfono celular de un muerto se apaga, como él, aunque después de él, la batería le da un excedente de vida con respecto a su dueño. Pasaría mucho tiempo antes de que alguien notara mi muerte, quizás alguien le avisara a mis padres, quizás alguien, después de intentar en vano localizarme en mi casa, llame a casa de mi mamá, y ella, con la voz rota del llanto contenido, diría que morí. Y esa persona se lo diría a otra, pero sólo a un circulo reducido. Pasaría mucho tiempo antes de que mi muerte se notrara, sí, pero pasaría muy poco antes de que todos olvidaran mi vida --y para eso ni siquiera se necesita estar muerto--, lo cual más que un pesar es un alivio.

Pero ése no era el punto, es el tema de un cuento que estoy por escribir, pero no el de este post. Maldita "asociación libre de ideas", estas digresiones a la Javier Marías sólo funcionan si eres un "gran novelista" y recibes más plata entre más escribes, si no, no. Sólo eres difuso, profuso y confuso.

En fin, estoy escribiendo todo esto porque ayer un amigo decía ser figura de culto en Perú. (Por cierto, si llegas a leer esto sigo esperando tu cuento ruso.) Al preguntarle la razón contestó que él mismo la desconocía, pero que desde hace un tiempo hordas de peruanos (aunque tal vez se manejen con disciplina y sin violencia, es decir, tal vez no son hordas, no lo sé) visitan a diario su hi5 y recibe muchas "solicitudes de amistad" (así se llaman, ¿no?). Esa anécdota me hizo recordar lo que me había ocurrido a mí, aunque, en el fondo y en la superficie, quizá los dos casos no guardan ninguna relación: no soy figura de culto ni en mi habitación.

El hecho es que "andaba yo muy tranquilo hace unos días..." No. El hecho es que al revisar mi correo ese día (fue el 26 de diciembre), me encontré con una notificación del hi5. Ya había olvidado que mi cuenta seguía activa, creí haberla cancelado. Tendría cerca de dos meses que no entraba a ese sitio. Abrí el e-mail. Mr. hi5, tan cordial y atento como es, me hacía saber quién había visitado recientemente mi perfil. Dos amigos, Enrique (vid infra) me acababa de escribir que festejáramos la navidad, Mariana (vid infra noch mal) recién se enteró de que estaba fuera de la ciudad y me enviaba abrazos y buenos deseos. Los otros... los otros no sé qué fueron a hacer a mi "perfil". Pero podría elucubrar al respecto. O no.












Si miras arriba, podrás apreciar --o despreciar--, en medio, una foto con inversión de colores en la que aparece alguien que, a juzgar por su cabellera, aparenta tocar en una banda de glam o, hay que darle el beneficio de la duda, es fan de Jimmy Page. Pero no, las apariencias engañan, dicen; él toca en una banda de covers y en otra de funk (hell yeah!). Una vez se quedó a dormir en mi casa. Una vez, en una fiesta, besó a una chica que no era mi novia, pero que tomaba mi mano y acariciaba mi pierna mientras hablaba con él y que fue mi "novia" al día siguiente, y dicen que se enojó por eso. No sé, nunca he entendido eso de los celos y las intrigas amorosas. Una vez, la última vez que lo vi, harán dos semanas de eso, recuerdo que era miércoles y que venía yo de casa de la que fue mi "novia" y que ya no era mi novia, caminando por la avenida México rumbo a la Bipolar y lo vi con guitarra y audífonos conectados al amplificador, tocando en el suelo, afuera de El Jarocho con otros tres o cuatro sujetos que me daban la espalda, todo fue rápido y como yo también traía auriculares (recuerdo que estaba sonando en el iPod Trying your luck, de los Strokes, ja) sólo nos saludamos con la mirada. Cuando, al día siguiente, fui al España con la que ya no era mi "novia" porque tocaban Los músicos de José, le conté que había visto a Hugo en Coyoacán, ella me dijo que también ahí estaba su novio porque tocan juntos en la banda de funk y que ensayan o tocan en la calle (groovy!) y que él y Hugo son chiles, dirían algunos. Después me contó que al día siguiente habría una posada en su casa (en la de su novio), sugirió, irónicamente, que fuéramos juntos, que a ella le daba curiosidad porque su banda iba a tocar y ya hacía mucho que ella no los escuchaba. Por poco me animo (play that funky music white boy!) ...not. Mejor esa noche --diecinueve de diciembre-- fuimos a un lugar que nos gusta, very dark, very romantic, very french... that candlelight place (diría un personaje de Melinda & Melinda) a "celebrar" que hacía once meses nos conocimos, a ella le gusta hacer ese tipo de cosas.

Y es así como llegamos a la siguiente imagen (vid supra), la del papel de LSD con una mala mise en abîme, ése es el "perfil" del novio de la que ya no es mi "novia", lo sé porque ella me lo dijo un día que estaba revisando su correo en mi computadora y vio un comentario que le dejó en su hi5, con una ortografía más cercana del ispamerikano de Cortázar que del español. Una vez lo vi en una fiesta, llegó con su novia --sí, la que antes había sido mi "novia"--, él me saludó, tomó de mi vodka, cuando supo quién era yo, se fue a comprar una Viña Real (classy); ella habló conmigo, bailó conmigo (yo no bailo), rió conmigo; él notó algo, se molestó; ellos discutieron; él se fue; ella se quedó... por varios meses. Una vez lo vi en la fiesta de cumpleaños de su novia, que algunas veces fue mi "novia"; más bien, él nos vio bajar del carro juntos. Una vez lo vi en otra fiesta a la que asistí con la que fue mi "novia", ellos no se hablaban. Una vez lo vi afuera de la facultad con su novia, una diferente a la que ya no es mi "novia", que esa ocasión estaba conmigo; las novias se conocían y se saludaron, pero ellos, que ahora son novios, seguían sin hablarse. Una vez lo vi en un bar, ella no iba porque me había estado esperando en mi casa y no llegué, y, out of the blue, se enojó. Una vez, ésta es la mejor, decidí irme de vacaciones, decidí invitar a la que había sido mi "novia" (me cae bien, creo que es obvio) y accedió, estábamos en casa de mi mamá en la noche, partiríamos a la mañana siguiente. Me llamó al celular una amiga mutua para advertirnos que Mario --así se llama el novio de la que fue mi "novia"-- la había llamado para preguntarle por su novia, que estaba molesto y le pedía que le dijera dónde estaba. "Tú sabes dónde está", le decía, "está con Herson, ¿verdad? --así me dicen mis amigos, y los que no lo son también--, dame su teléfono por favor". Ella le daba excusas, se negó; él terminó pidiéndole el teléfono de Toño, su novio, como era absurdo decirle que no tenía el teléfono de su propio novio, se lo dio. Le llamó, él tampoco le dio mi número; Mario volvió a llamarle a nuestra amiga, le dio mal mi celular, me marcó y se dio cuenta. Le llamó una vez más para reclamarle, terminó dándole el teléfono de la casa de mi madre, pensando que estaríamos en la mía. Mala suerte. Obviamente él no debía saber que su novia estaba con su ex "novio" y menos que se iba a ir de vacaciones con él. Apenas terminé la llamada con nuestra amiga cuando el teléfono de la casa empezó a sonar, vimos el identificador de llamadas, era Mario. Contesté, le dije que su novia no estaba conmigo, que no sabía dónde estaba, que no, que no está aquí, no la he visto; tú eres su novio, deberías saber dónde está, en serio, no sé, ajá, adiós. Un par de minutos después vuelve a entrar una llamada del mismo número. Una voz de mujer me toma por sorpresa: "Buenas noches, ¿me comunica con Herson, por favor?" ... "Ah, hola, habla la hermana de , ¿no está contigo?" ... "¿En serio?, es que pasó algo grave, tuvimos una emergencia y nos urge localizarla. Es importante." ... "Bueno, muchas gracias." ... ¡¡¡¿¿¿WTF???!!!

La última foto (vid supra) muestra la mirada vertical de una chica de la facultad, tomábamos una clase juntos. La última foto muestra la mirada vertical de la novia del hermano de la que fue mi "novia". La última foto muestra la mirada vertical de la hermana de Mario, del novio de la que fue mi "novia". La última foto muestra la mirada vertical de quien una noche llamó a casa de mi madre haciéndose pasar por una hermana de quien no es mi "novia". Una vez, el día en que conocí a la que iba a ser mi "novia" y ya no es mi "novia", ella me invitó a comer a su casa, ahí estaban dos de sus hermanas, y su hermano con su novia (la de la foto); entonces yo no sabía que ella era la hermana del ex novio que ahora es el novio de quien iba ser mi "novia" y ya no es mi "novia", pero esa circunstancia, esa nadería explica mucho de su comportamiento. Una vez, al salir de la clase que teníamos en común, la mujer que no es mi "novia" me esperaba, se encontraron y tuvieron que hacer small talk, no puedo reconstruirlo pero fue de lo más gracioso. Una vez, hace unos días, terminé pasando la noche en casa de la que no es mi "novia" y ahí estaba su cuñada, en la recámara contigua. Tal vez nos escuchó (la posibilidad estaba ahí, yo la escuchaba reír) y pensó, prefirió pensar que era su hermano el que le hacía el amor a su novia; tal vez no nos oyó y la mise en scène en que se ha convertido mi vida sigue infalible.

Y tal vez quiero falibilidad.
Y tal vez por eso escribo esto.

Después de haber leído ese correo, se lo reenvié a quien ya no es mi "novia". Nos gusta reírnos de este tipo de cosas.

RE: Quién visitó mi perfil‏
De: d mon amour (xxxxxxxxx@hotmail.com)
Enviado: viernes, 26 de diciembre de 2008 03:44:32 p.m
Para: herson loco (xxxxxxxxx@hotmail.com)
jajajajajaja sí, qué pedo, lo siento por ponerte en estas situaciones....Te amo

From: xxxxxxxxx@hotmail.com
To: xxxxxxxxx@hotmail.com
Subject: FW: Quién visitó mi perfil
Date: Fri, 26 Dec 2008 14:12:13 -0600

Qué onda con esos hermanos chismosos, eh?

From: info@hi5.com
To: xxxxxxxxx@hotmail.com
Subject: Quién visitó mi perfil
Date: Fri, 26 Dec 2008 05:46:31 -0800
El o los siguientes usuarios han visitado tu perfil de hi5. Haz click a continuación para visitar sus perfles y agregarlos como amigo(a)s:

Al final volví a entrar al hi5 y sigo tan impopular como siempre.
A veces me parece que soy el personaje de una novela posmoderna de aventuras. Incluso ya escribí algunos cuentos con la insuperable ficción de mi realidad. Ahora, tú dime, ¿qué es esto?, ¿a qué género se ciñe mi vida? ¿Tragedy or comedy? (tema de una película de Woody Allen con un mal final) ¿O, siguiendo las pautas de la literatura que quiere renovar a la literatura, mi vida es un híbrido genérico?

31 diciembre, 2008

Declaración

I haven't read a single book all year and the only film I saw I didn't like it at all.

El penúltimo día del año

El penúltimo día del año, evidentemente, no es hoy.

El penúltimo día del año, tal vez no de éste ni del anterior, o tal vez sí. No sé. Desde hace un tiempo me he despojado de tantas cosas que ya no estoy seguro de nada. Si me fui o me quedé es contingente, un dato deleznable. Sé que me perdí después de caer al fondo de mí mismo. Y me alejé, o creí alejarme. Lo que ocurrió (aunque quizá no ocurrió nunca; aunque quizá toda esta imprecisión sea un artificio mal armado para nublar la realidad y no perturbar a terceros ni a segundos ni a minutos, y todo reposa en mi mente como una laguna de aguas diáfanas: así que esto puede leerse de dos maneras, ninguna depende de mí) antes fue tan bueno que me lo callaré. Lo que ocurrió después es que yo, mientras me preparo para ver morir el año, escribí sobre lo que ocurrió entonces. Y lo que ocurrió entonces —o lo que estoy inventando que sucedió— es esto:

Amanecí de perfil, desnudo, con mi mano derecha bajo su cuello y la izquierda sobre su vientre. Nos besamos. Hicimos el amor como astros en colisión, al menos lo habríamos hecho (ocurrió sólo una vez, o dos, en la madrugada: "es tu bienvenida", me dijo, y sí, fue bien venida), pero el tiempo había consumido la posibilidad de que la pasión fuera consumada, de que mi voluntad fuera con su amada. Nos vestimos y, después de contestar una llamada, nos vamos.

El sol camina, se nos va la tarde y ¿se nos van las ganas? Nunca. Me voy, para encontrarnos de noche, otra vez, y perdernos en su cama.

Intrincación de personas y sentimientos. Ella tiene un novio que tiene una hermana; ella tiene un hermano que tiene una novia: la hermana del novio es la novia del hermano (son cuñados por doble vía). La hermana del novio o la novia del hermano, da igual, tomaba la misma clase de Lingüística que yo —según me enteré más tarde—. Resultado: encuentros incómodos. Sin ir más lejos, el día antes del penúltimo día del año, es decir, el antepenúltimo día del año, es decir, antier al llegar a su casa la novia y el hermano estaban ahí. Hay que manejarse con una precisión de relojería suiza para evitar provocar escándalos; no soy experto, diré sólo que se me da el hide and seek.

El agua cayendo de la regadera aguarda por mí. Contesto el celular. "Suerte", dice la voz de su hermano, lo cual me augura mala suerte; él me dijo que ella le dijo que me dijera que le llamara. Cuelgo. Marco, no la dejo hablar acaso por miedo, el baño me espera. "Ahorita", esos ‘ahorita’ son fabulosos porque tienen la propiedad de desdoblarse hasta el infinito, su duración puede variar desde unos segundos hasta unos meses con facilidad, "te llamo de nuevo", digo. "Está bien, pero urge", alcanza a decir.

Me visto aún con el cuerpo mojado. No entra la llamada. Hablo con el hermano, le explico que no pude comunicarme, que voy para allá, que le avise a su hermana. Me dice que saldrán de la ciudad a ver a su mamá en tres horas máximo. ¡Chale! —no hay expresión más apropiada para la ocasión—. "De todos modos ya estoy en camino, avísale". Siento que estoy inventando todo esto, que no alcanzo la verosimilitud; mientras sea cierto, no tiene por qué ser verosímil. Corro a su encuentro. Tráfico. Me subo al metro. Salgo, estoy cerca, corro de nuevo y en el iPod escucho he esperado tantas veces este momento, pero ahora que ya estás aquí que se esperen los demás… te pido seguir a lo loco que el mundo se acaba, que el tiempo se agota, que lo que no hagamos ahora no cuenta en la última hora. Una señal, una falsa casualidad. La veo, me ve y se sorprende. Hablamos. "No te vayas, quédate esta noche". Reímos y lloramos o lloramos y reímos. Llegamos a su casa y no esperamos para desvestirnos. La veo hacer su maleta. Le pido una pausa, me la da, me abraza, me ama y se nota. Más palabras derramadas como miel. Le doy la cámara fotográfica que traigo conmigo. Le doy un souvenir que la hace llorar, se lo llevará de viaje. "Me gusta que seas así... tan intenso" (parece burla pero lo dice en serio), que me hagas sentir estas cosas». Las palabras esperadas no se hacen esperar. Me voy, pero no me voy, me despido y, tras unos pasos, regreso a despedirme de nuevo. "Ahora te toca a ti esperarme", dice después de besarme. "Adiós".

Y yo imagino todo esto mientras escucho los últimos gritos agónicos del año. En medio de desconocidos que no hablan mi lengua, en medio de mi lejanía, en medio de su ausencia.

Distancia


Te imagino perdida, entregada a sueños que te sumergen en sus mareas de luna llena.

Te imagino encontrada, en medio de nada, rodeada de una sombra que te ilumina.
Te imagino lejos, te sé lejos, pero me sabes a las delicias de la cercanía y te siento
a una letra de distancia,
a un cerrar de ojos,
a un abrir de puerta,
a tres pasos,
a dos latidos,
a media exhalación,
a media inspiración.
Al doblar la esquina de la calle de un recuerdo en una ciudad sin esquinas, calles, recuerdos ni ciudad.
Al caer al barranco del tiempo cercenado que no me deja acabar contigo un día, que no me deja comenzar contigo un año; que sí me deja llorar estrellas fugaces que desembocan en negros ríos constelados que tus negros ojos navegan sin rumbo.
Derrumbo los muros de tus miedos y dejo que mis desiertos de pasión contenida inunden tus mares.
Cavo túneles en el cielo de tu desesperanza y fracturo tus rencores con el canto de una voz que no has oído, con el encanto de una flor que no has visto.
Tiendo puentes en el subsuelo para ir de mí a ti y de mí a ti y de mí a ti (y no viceversa).
Y te hago sentir cosas que no existían hasta que las inventaste.
Y te hago decir lo inefable.
Y no te hago nada.
Nada, por lo menos, que la palabra amor ya conociera.

03 diciembre, 2008

Crepúsculo insomne



Se desmaya la noche antes de llegar
porque unos ojos no quieren
que se apague la ciega luz
de un amor que no puede verse a sí mismo
sin mirar los mañanas moribundos
de una pasión inescrutable.

Y no parece que llegue
el momento de partir,
y no parece que llegue
el momento de llegar
al final de este comienzo
de crepúsculo insomne.

Tres veces tres
deseos de ser sólo dos
átomos perdidos
en su propio encuentro cosmogónico
de tiempo increado

que engendra universos con
bóvedas celestes de permanencia voluntaria:
llenos de ausencias
desgarradas por premoniciones de ayer
y recuerdos de mañana.

Tejidas por un arcoíris incoloro
van nuestras distancias distraídas,
pensando en lejanías, sumergidas
en un mar de pentagramas,
cantan con imágenes el sueño
de ser lo que nunca fueron.

Pero antes o después, es decir, ahora
se calla el silencio y aprenden
a encontrar lo que nunca perdieron.

31 octubre, 2008

Siempre vuelvo a irme



Un ciego traza un mapa para irse de una isla de nombre Tú, quiere encontrar el camino de vuelta pero no recuerda cómo llegó.

Viene y va la noche, como vienes y vas: indiferente. Él sólo puede sentir el paso instantáneo de las eternidades cargadas de pequeños trozos de cosas que ya no son, que no serán jamás. Tú viniste a buscarlo, esperas, te arrepientes, prefieres irte, otra vez. Y él ya no prefiere quedarse aquí, así.

Y emprende la fuga en una noche de muerte sin fin con el ideal de perdelo todo menos la soledad.

Dos soledades se buscaron como ciegos y jamás se encontraron; dos soledades que andaban sin buscarse y sin saber que andaban para encontrarse, acaso se encontraron y no pudieron verse, tampoco sentirse

30 septiembre, 2008

Every now and then


Quiero irme, pero no me animo a decirlo. Al final de cada encuentro, de cada noche, está el desencanto, la constatación de que nadie puede darme nada, a nadie le interesa lo que puedo dar.

Acepto el fracaso.

Ayer, como en tantas otras noches, con el mismo grado de velocidad en los movimientos, sabiendo que copiaba, sin quererlo, gestos de noches anteriores, sintiéndome revivir orgullos, melancolías y postergaciones, dejé de tratar. Me entregué a la nada, que también se llama sueño.

Saber quién soy. Nada, cero, una compañía irrevocable, una presencia para los demás. Para mí, nada.

Cansancio y tristeza me acunan. Noto que no hay soledad más triste que la soledad de dos en compañía.

26 septiembre, 2008

Tras la pequeña noche

tras la pequeña noche
que corrompe un tierno suspiro
se rompe nota a nota su voz
contra el arpegio del piélago hialino
dejando una estela vibrante
una brisa que abrasa el cielo
un cielo que me abraza a mí
como un vaso abraza el agua
hasta que ésta lo desborda
líquidamente lo liquida

y tú en mí
y yo en ti
y etcétera

tras la pequeña noche
cobija del silencio
unos ojos perplejos
se asoman al abismo en otros ojos
las miradas se compenetran
se penetran
suspiro
anticipo del silencio que todo lo dice

08 septiembre, 2008

Entre un libro y un baño


Hacerse un espacio. Encontrar un momento, abrir, de entre la maraña de las horas, unos instantes para dedicar al presente, a la escritura. Ésa me ha parecido tarea poco menos que imposible en últimas fechas. La idea de volver aquí había estado rondando mi cabeza --a veces parece que me leyeran el pensamiento--: "¿cuándo escribirás en tu blog?", me ha preguntado alguien. Lacónico, respondí: "cuando tenga tiempo y tema". Si fuera fiel a mis palabras, lo cual puede resultar poco sensato, nunca escribiría.

Llegué a casa con la resolución de avanzar algunas lecturas. Me propuse, primero, terminar una novela que escribió Bioy en compañía de su esposa. Trama policial que agota todas las posibilidades de un crimen, incluso la real, refutándolas, para, no bien hecho esto, anunciarla por medios ajenos a las pesquisas de los personajes (todos a la altura del mejor Dupin), de una forma un tanto naïf. ¿Final feliz? Un hombre y una mujer se casan y viven felices, creo. Nunca dejaron de quererse, en ocasiones me pregunto cómo será la intimidad de estos enamorados que tantas veces se miraron creyéndose criminales.

Ya conté el final. Es decir, terminé la novela. Mientras cenaba, decidía si habría de bañarme al terminar de leer o mañana por la mañana. Haría lo último, pero el narrador de la novela después de una tormenta de arena y tras muchas dificultades vuelve al hotel con la firme convicción de bañarse; esto aunado a mi falta de convicción terminó por convidarme al agua. "¡Con qué impaciencia yo esperaba el baño, ese paraíso por inmersión! Sin embargo," al igual que el narrador de la novela, el narrador de este relato informe, "al pronunciar esas palabras, ya lo había postergado." Se trata de una postergación breve, el tiempo que duren los instantes para dedicar al presente, a la escritura de la nada, esa materia de la que se conforma el presente.

Espero que el torrente de agua que ahora comienza a correr con su particular música sepa lavar estas palabras sin tema y sin tiempo que se han agolpado en medio de una noche desesperada en la que no quiero hablar de mi total desesperación. ¿Escribir para qué, entonces? Para limpiar, para vaciar el todo, para evadir, acaso. Procedimiento antiséptico, cauterizador... ya siento las primeras gotas golpear con una dulce violencia mi cuerpo. Disolverme en ellas como se disuelven en mi boca, insípidamente, reconfortantemente, los últimos glóbulos de arsénico.

11 julio, 2008

De felicidad y desolación

Al releer mis propios apuntes me encontré con unos párrafos de Magris que, de alguna manera, dan respuestas a las preguntas que me acucian en este momento.


El viajero percibe que el correr del río es deseo del mar, nostalgia de la felicidad marina. Ese sentido de plenitud vital, ese regalo de las endorfinas y de la presión sanguínea o de algún ácido benevolentemente segregado por el cerebro, lo he sentido realmente en las callejas y en las orillas de Passau, ¿o creo únicamente habrerlo experimentado porque ahora intento describirlo en las mesitas del triestino café San Marco? Probablemente sobre el papel se finge y se inventa la felicidad. Es posible que la escritura no pueda realmente poner voz a la desolación absoluta, a la nada de la vida, a esos momentos en los que es sólo vacío, privación, horror. Ya el mero hecho de escribirlo llena en cierto modo ese vacío, le da forma, hace posible comunicar el horror, y, por tanto, aunque sea por poco, es más fuerte que él. Existen insignes páginas de tragedia, pero para quien muere o quiere morir, en el instante en que muere o quiere morir, incluso esas insignes páginas dolorosas sonarían demasiado a gloria, espantósamente inadecuadas para su dolor de aquel instante.

La privación absoluta no puede hablar; la literatura habla de ella y en cierto modo la exorciza, la vence, la transforma en otra cosa [...]. El indeciso viajero, que durante el viaje no sabe cómo resolver sus problemas, al releer sus propios apuntes descubre, con cierta sorpresa, que estaba un poco más contento y sereno y sobre todo más decidido y firme de lo que, mientras vivía y viajaba, creía estar; descubre que dio respuestas claras y netas a las preguntas que le acuciaban , con la esperanza de poder, algún día, creer también él en esas respuestas.

03 junio, 2008

Proyectos postergados

¿Por qué un hombre se compromete en un proyecto tan extraño?, Es como vivir, ¿para qué vive uno? Todo eso de trabajar diario, comer, conversar, ir a la escuela, si lo piensa bien es difícil de justificar.


Dejar la vida para después. Ése es mi proyecto: un mañana que no arriba, una espera permanente; una muerte.

29 abril, 2008

I choose not to choose

Tengo que escoger lo que detesto --o el sueño, que mi inteligencia odia, o la acción, que a mi sensibilidad repugna; o la acción, para la que no nací, o el sueño, para el que no ha nacido nadie.

Resulta que, como detesto a ambos, no escojo ninguno; pero, como alguna vez tengo que soñar o actuar, mezclo una cosa con la otra.

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F. Pessoa